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De tangueros para el Mundo

Carlos Amado: El hombre que unió al barrio con el centro a través del fueye

Posted on 17 junio, 202617 junio, 2026 By tangopedia
Bahía Blanca, Biografías, Creadores, Directores, Músicos

Por José Valle

Existen hombres cuya trayectoria no se mide por el estruendo de los aplausos, sino por la huella imborrable de su hombría de bien. Carlos Amado fue uno de ellos. En él, la sencillez y la bonhomía no eran poses; eran condiciones genéticas, primarias e inalterables. Fue un hombre bueno que eligió la música popular como puente para unir al barrio con el centro, acortando distancias entre hombres y mujeres a través de la sensibilidad de su fueye.
Nació el 31 de octubre de 1916 en la tradicional esquina inundable de Falucho y XX de Septiembre, en el corazón de Villa Mitre. Carlos creció en un hogar de inmigrantes sirios. Sus padres, Don Antonio Amado (cuyo apellido original Habib se tradujo del árabe como “amado”) y Doña Suraia Fajuri, forjaron su destino con esfuerzo en la recordada “Tienda Amado”. Aunque su madre soñaba con verlo violinista, el destino de Carlos ya estaba sellado por un alambrado. Siendo un niño, se plantaba inmóvil frente al cerco del vecino Basilio Parmigiani, hipnotizado por el sonido del bandoneón. Ese magnetismo se convirtió en lágrimas de pura emoción el día que su padre regresó de Buenos Aires y, entre las mercaderías, abrió una caja grande: allí asomaba su primer bandoneón propio. Tenía apenas 12 años.
Autodidacta tenaz, Carlos debutó musicalizando las proyecciones mudas del cine “Las 5 esquinas”. A los 14 años ya era un músico requerido por su excelencia. Su juventud conoció la “vida errante” junto a la orquesta de Oreste Galandrini y, más tarde, desafió la rigurosidad del sur argentino en el dúo Martínez-Amado. Eran épocas duras de caminos inhóspitos, galpones ferroviarios iluminados a candil y públicos que llevaban sus propias sillas para ganarle al frío patagónico. En 1940 consolidó su hogar al casarse con Juana Corinaldesi, madre de su único hijo, Carlos Antonio. A fines de esa década, la familia mudó su calidez a otra esquina emblemática de Bahía Blanca: Alsina y Rincón, en el barrio de La Falda.
Durante los años dorados del tango, la Orquesta Típica y el Cuarteto de Carlos Amado se convirtieron en un sello de distinción. Su agenda rebosaba en kermeses, bailes de carnaval y confiterías. Al frente de las orquestas estables de LU2 y LU3, Amado supo adaptar su talento al pulso popular —recreando incluso el estilo rítmico de D’Arienzo a pedido de la radio— acompañado por voces inolvidables como Jorge Arévalo y Olga Miranda, y rodeado por los mejores músicos de la ciudad, con quienes formó una verdadera familia artística. En su madurez musical, también acompañó a grandes figuras nacionales como Aldo Campoamor, Charlo, María de la Fuente, Roberto Alsina, Juan Carlos Giorgetti, Antonio Campos y Eladio Luciani. Su genio creativo quedó plasmado en composiciones propias como “Mis mejores besos” (con letra de Jorge Arévalo), “Hermanados en la amistad” y “Bien engrupido”.

La orquesta de Carlos Amado en los Carnavales de 1951, Club Estudiantes


Quienes hoy transitan la adultez y la tercera edad guardan en su memoria el eco de sus acordes y la hidalguía de sus gestos. La gente, al estrechar su mano amiga en los clubes de Bahía o en los rincones de la Patagonia, percibía inmediatamente la profundidad de su alma transparente y su caballerosidad espontánea.
Cuando la televisión transformó las comunicaciones, el Maestro se refugió con discreción en una nueva vocación: la docencia. Desde el Conservatorio Musical del Sur, formó a cientos de alumnos que hoy lo recuerdan con idéntico respeto, transmitiéndoles no solo técnica, sino una profunda filosofía de vida. Admirador rendido de Troilo y Piazzolla, Carlos confesaba hacia el final de sus días que sentía que la música fluía en él con una facilidad nueva, como si un talento divino siguiera madurando en su interior.
Falleció el 18 de febrero de 2012. Con su partida, Bahía Blanca perdió a un vecino ejemplar y ganó un mito silencioso. Carlos Amado pasó por este mundo sin buscar la exposición mediática, cobijado en la dignidad de su profesión y con el bandoneón pegado al alma, soltando notas que se filtraban por las ventanas de la vida para quedarse siempre en el corazón de su pueblo.

Carlos Amado y su nieto Pablo Amado

Etiquetas: bahia blanca bandoneonista carlos amado jose valle

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